Otra producción neozelandesa en la semana de terror de San Sebastián. Hace poco hablábamos de La criatura perfecta, pero me temo que esta no va a tener ni la mitad de su chispa.
De entrada podrÃa parecer lo contrario, viendo que uno de sus guionistas es Jonathan King, que escribió y dirigió esa estrambótica comedia terrorÃfica que pudimos ver el año pasado en la semana, y que posteriormente se estrenó incluso en cines comerciales, Ovejas asesinas.
Pero esto ya no va de ovejas asesinas, ni nada parecido. Se trata de un terror mucho más clásico y muy usado. Usar el misticismo de culturas minoritarias muy dadas al ritual, al oscurantismo y a la superstición. Si fuera la primera vez que lo vemos tendrÃa algún interés. Me da igual si toca tatuajes samoanos, vudú tahitiano, chamanes esteparios o el mismÃsimo chupacabras. La historia es la misma y normalmente suele pecar de creerse demasiado a sà misma.
Esto hace que, normalmente, este tipo de historias no quieran ser atrevidas y se mueven tambaleantes en los lÃmites de la credibilidad y la irrealidad onÃrica, con un ritmo lento y a veces exasperante. Con muchos planos de ir y venir, y mucho observar rituales extraños. No veo más que una pelÃcula aburrida, tan mediocre que ni siquiera es tan mala como para mofarse a gusto y pasarlo bien. Simplemente te invita a aguantar la trama hasta el final y olvidarla.
Peter Burger dirige su primer largometraje, después de haber trabajado en series. No espero nada de él, aunque por ser su ópera prima habrÃa que darle una oportunidad. Protagoniza la pelÃcula el estadounidense Jason Behr, a quien hemos visto en otros terrores como La maldición. Le veremos también en la coreana D-War, una pelÃcula de dragones, nada menos.