A mà por lo menos, la pelÃcula me emociona. El momento anillo equivale a mil desgracias de “El Pianistaâ€, a mi parecer. Estoy a favor de este tipo de detalles menos de martillazo, pues a estos otros mi mente se cierra y no quiere saber nada. Con esto, alguno podrÃa decir que sacar faltas a la pelÃcula serÃa decir “soplapollecesâ€, y puede ser cierto, porque la pelÃcula es muy emocional, pero no voy a dejar pasar algunas cosas que no me han terminado de convencer.
Para empezar, los personajes. Quizá estan demasiado contrastados, está la cuñada sin sentimientos (que en ocasiones es exageradÃsimo). Está la malvada mujer que le consigue las chicas y que cobra sus dos guineas, ¡que malvada! Y por supuesto, la extremadamente bondadosa señora Drake. A esta última la puedo pasar, pues se puede enfocar de la siguiente manera: “de todas las mujeres que se dedicaban a eso, quiere contarnos la de una mujer que es un primorâ€. En todo caso, tanto contraste le da un toque un tanto ingenuo a la pelÃcula.
Y me gusta la forma con la que Leigh rompe las normas. Su forma de contar las cosas se sale de las estructuras prefijadas y de los caminos andados. Esto, ya lo he dicho otras veces, me gusta mucho. Por ejemplo, en un tiempo en que las elipsis están tremendamente valoradas, Leigh decide prescindir de ellas en muchos momentos. Cualquier otro nos evitarÃa escuchar la misma historia varias veces, avanzando directamente al final de la escena. Pero aquà vemos escenas en las que ya sabemos lo que se va a decir, pero no importa, porque lo que más le interesa al director, creo yo, son las relaciones personales, y para ello es importante ver como reaccionan las personas. Como se hablan y como se escuchan.