Que sÃ, que sÃ... que es la primera vez que la ONU permite rodar en su sede... Y no me extraña, porque el bonitÃsimo y sobre todo ingenuo mensaje de que con la palabrita y la verdá podemos acabar con cualquier genocidio y terrorismo del mundo (ya ves, asà de sencillo), ha tenido que encantarles allá en Manhattan, donde se sientan a escuchar, hablar y, asà a veces, cuando toca, alguna cosita más.
Pollack demuestra oficio y elegancia, que son virtudes hoy en dÃa muy olvidadas y que yo echaba de menos. Ojalá todo el cine de intriga, todos los thrillers, tuvieran este pulso, esta mano firme en la firma. Repito, la escenita del autobús ha conseguido hacerme inclinarme, agarrarme a los posabrazos, sentarme en la puntita de la butaca. Y son varios los momentos que recuerdan al viejo cine, al buen cine, sabor añejo, 40º.