“La monja†es una pelÃcula que consigue tocar al espectador, provocar emociones, sorprender, engañar. Sà señor.
Primero uno ve la escena con la monja cogiendo del pescuezo a una alumna en un momento muy visual y de mucha fuerza. La pelÃcula promete. No tardaremos mucho en comprobar que se trata de un hecho completamente aislado: primera sorpresa.
Uno ve el suelo inundado y vuelve a sorprenderse, ¿cómo puede ser que tengan la desfachatez de repetir una vez más una escena que hemos visto ya varias veces últimamente? Esto empieza a repercutir en las emociones. La desilusión, la molestia.
Vemos a la monja agarrada al ala del avión. Vergüenza ajena. Se asoma por la ventanilla. Monty Pyton.
Llegamos a España y tenemos a estudiante de cura lamentable (afortunadamente no han querido rizar el rizo y no es parte de la trama). Tenemos un buen rato de aburrimiento absoluto (más emociones).
Nos cuentan que la monja es asà por el tema del agua bendita y tal... todo tiene mucha lógica. Vergüenza ajena.
Resumiendo llegamos al final y nos salen con ¡oh! Múltiple personalidad. Emociones: engaño, la pelÃcula ha roto el mÃnimo sentido que tenÃa, ahora pasa a la categorÃa de absurda además de lamentable. Es decir: vergüenza ajena.
Aplaudo al público de esa sesión, sin ellos no habrÃa sido lo mismo.