El cine de terror actual hace uso de diversos mecanismos, de los cuales los principales son el susto y el efecto visual, cuanto más impactante mejor. Las cintas de antaño, muchas de ellas ridÃculas observadas desde un punto de vista moderno, recurrÃan a otros trucos visuales, centrados en la creación de un ambiente propio, algo que por el contrario no parecen haber heredado muchas de las producciones de hoy en dÃa. Ese no es el caso de 1408. Curiosamente, esta historia de terror sabe recuperar aquel miedo en escena, tan presente en grandes obras como The haunting o El resplandor -con la que guarda no pocas similitudes- sin olvidar por ello otros recursos actuales, centrados en los efectos especiales de la etapa digital. Hablamos, ante todo, de una pelÃcula de atmósfera -especialmente claustrofóbica, dicho sea de paso- en la que se juega durante gran parte de la misma con la ambigüedad del origen del miedo. En efecto, la nueva pelÃcula de Mikael HÃ¥fström es una rara avis dentro de la tendencia actual.
Tras la premisa de un escritor, Mike Enslin, convertido a periodista de investigación, cuyos libros de temática sobrenatural le han aportado cierto reconocimiento pero que esconden a su vez una personalidad cÃnica y desencantada, se oculta una idea original del denominado maestro del terror. Pero no se trata de una adaptación al pie de la letra de la pequeña historia homónima recogida en el recopilatorio Todo es eventual. En efecto, quienes hayan leÃdo el relato original de Stephen King en que se basa, descubrirán notables cambios que hacen de la historia algo bastante más interesante que una sucesión de sustos. Definitivamente, el film, al contrario que el texto del de Maine, funciona tanto en su apartado visual como en el dialéctico. La inclusión de nuevos trucos y del trasfondo del pasado del escritor como ser atormentado en su descenso a la locura (algo muy propio de las obras de King) aportan la profundidad necesaria a la pelÃcula. Los responsables de la adaptación han hecho un gran trabajo alargando el texto original sin que en ningún momento parezca forzado, uno de los grandes peligros a evitar cuando nos enfrentamos a esta clase de trabajos.
Además, el ritmo de la pelÃcula está medido al milÃmetro. Quizás pueda achacársele ese truco del falso final, algo tramposo con el espectador, pero lo cierto es que sabe introducirlo en la historia de manera que nos lo traguemos hasta el fondo, incluyendo un falso primer aviso a modo de preludio. Eso demuestra una gran deferencia hacia el espectador, dentro de la triquiñuela. El director sabe que quien va a ver la pelÃcula asociará ese final prematuro a un falso sueño del protagonista, que aun permanece encerrado en la habitación maldita, y por eso lo alarga hasta sus ultimas consecuencias, de manera que creamos que, efectivamente, se trata del desenlace, para mostrarnos de golpe que la pesadilla del escritor no ha terminado, sino que se haya en su máximo apogeo. El caso es que el conjunto funciona. La banda sonora del avezado compositor Gabriel Yared (El paciente inglés, Cold Mountain) es más que reseñable, asà como el trabajo de su compatriota Benoît Delhomme en la fotografÃa, terrorÃficamente luminosa y obsesiva con el detalle.
Mucha culpa del buen resultado la tiene la interpretación de John Cusack, sin duda una de las mejores de su dilatada carrera. Conseguimos sentir su desesperación, su miedo y su ira al no poder escapar de esa habitación maldita con ansias homicidas. Ese plano final enmarcando su rostro al escuchar la grabación que demuestra que toda la experiencia ha sido, contra toda lógica, real, lo dice todo. Las intervenciones de Samuel L Jackson, aunque escasas, son convincentes. Es uno de esos intérpretes que nunca decepciona, aunque su aparición dentro de la nevera parece demasiado forzada, como si el guión quisiera explotar un poco más su poderosa presencia. Mary McCormack está estupenda en sus intervenciones, aunque tampoco se libra de esa sensación de sobreexplotación ante la cámara. No obstante, ambos quedan eclipsados por la labor de Cusack. Lástima que muchos no llegarán a valorarla por el tipo de personaje al que encarna.
En resumidas cuentas, la pelÃcula consigue sacar de dos elementos limitados (un texto de apenas cuarenta páginas y una habitación cerrada) un universo propio y escalofriante por su cotidianeidad, en el que el peligro parece acechar tras cada esquina. Quizás lo más curioso del asunto sea el clasicismo de los mecanismos a que recurre para ello. Si la casa encantada -en este caso, habitación de hotel- cumple unas reglas espirituales -nunca mejor dicho- los cánones rectores del film las conocen y explotan a la perfección. ¿Cómo es posible entonces que, recurriendo a unos trucos que todos nos sabemos de memoria, la historia y sus sustos funcionen? Uno acierta a barruntar que se debe al cuidado que se ha puesto en la realización, el convincente apartado visual y sus efectos especiales o acaso a la interpretación de Cusack. No sabrÃa decirlo a ciencia cierta. Lo que es innegable es que lo hace. Es ese, sin duda, el mayor acierto del film de Mikael HÃ¥fström. 1408 constituye un claro ejemplo de cine de terror comercial, de calidad e inteligente. ¿Quién pide más?