Dos parejas entrelazadas por el sentimiento de desapego a sus respectivos, llevados por la infidelidad entre ellos mismos, deberÃan de ser suficientes argumentos desde la responsabilidad de una historia por contar para hacerlo con la seriedad y templanza que necesita la temática amor, sexo, soledad, felicidad. John Curran nos tranporta a un mundo un tanto forzado no por los personajes sino por las situaciones que los atañen, dos parejas serias, dos casas distintas, dos amigos y compañeros, en el que la ambiguedad de las intenciones y fines de las infedilidades de sus actores no queda demasiado claro. En una primera parte en la que a mi entender demuestra tener que explicar lo sucedido, la pelÃcula decae en una lenta agonÃa de silencios y conversaciones tratando de mostrar algo evidente, el sexo como diablo incubierto y la falta de felicidad como motivante, es evidente y tratar de seguir explicando paso a paso no es necesario. Algunas, escenas por su talento visual y su grandeza de lirismo acompañado de una banda sonora realmente coherente con los sentidos la mecen en una lÃnea de realidad, irrealidad en la que pretendes rescatar lo que necesitas y pasar de lo demasiado pastoso de los momentos.
La delgada lÃnea roja que casi siempre cae del lado del buen trabajo y agradable guión al menos para la forma y necesidad del drama, asusta, irrita, y es una pelÃcula que necesita del mimo de la paciencia para conseguir que nos quedemos atentos para apreciar las cosas grandes que tiene.