Me creo ya suficientemente conocido como para no volver a repetir el aprecio que le tengo al cine nórdico, entre otras cosas, por el amor y fascinación que me provoca la tragedia pura, un concepto que siempre me pierde y que abrazo con fruición cada vez que tengo la oportunidad. Ahora mismo me viene a la memoria el esquema clásico de "Cold Mountain".
Al igual que mi compañero Sherlock opino que los nórdicos te aguardan en el cine con el mazo, esperando a que te descuides para golpearte desde el primer momento.
Además tienen la particularidad de tener una muy buena escuela clásica, dominar la fotografÃa y tener otro concepto de la misma que se puede pensar que se debe a su latitud y sus horarios solares.
Pero esa capacidad hace que su virtud pueda convertirse en contra, y que en su afán por golpear y desgarrar caigan en lo exagerado. Esto me pasa, por ejemplo, con Lukas Moodyson ("Fucking Amal" o "Lilja 4ever", un autor venerado en los cÃrculos independientes que también viene del frÃo.
Y ahà es donde se mezclan la tragedia por la tragedia y el ser independiente por ser independiente y uno, en menos de lo que canta un gallo, se encuentra fuera de la pelÃcula, encontrándose con una fotografÃa árida, un devenir de escenas con gente, no gritando, sino desgarrándose, y una dirección de ¡ya te vale, tÃo!
En este proceso me temo que acabaré embarcándome a la media hora de pelÃcula. Sólo espero poder equivocarme y descubrir otro Simon Staho ("DÃa y noche" o "Bang bang orangutang") o Baltasar Körmakur ("Reyckjavic 101" o "Hafid")