Tengo que desdecirme. Esperaba un Woody Allen excesivamente redundante, cansinamente repetido e insistente en los mismos chistes y gags de algunas de sus recientes pelÃculas menores (desde "Misterioso asesinato en Manhattan" hasta "La maldición del escorpión de jade" y otras varias)... y, a lo mejor, es precisamente eso. Pero es que Allen es muy bueno. Me ha vuelto a ganar.
Me lo he vuelto a pasar pipa, he vuelto a reir con sus chistes, me ha convencido con su uso de la suite para el ballet del Lago de los Cisnes de Tchaikovski, me ha encantado ese rollo pizpireto que se trae Scarlett Johansson, me ha divertido el tono aristocrático que le ha encontrado a Hugh Jackman y, sobre todo, ha sido una gozada disfrutar con el Allen nervioso, tartamudo, inquieto y encantador de toda la vida.
Están sus chistes, sus situaciones, incluso sus argumentos más recurrentes de un tiempo a esta parte, pero siempre sabe darle otra vuelta de tuerca para enfocar esta o aquella situación, ahora, desde esto otro ángulo y con este otro tono. Cada vez estoy más convencido de que nunca nos cansaremos de Woody Allen.