La pelÃcula arranca con furia independiente, con una serie de planos, montaje, luz, y guión más propios de una pelÃcula de autor, que de una pelÃcula ambientada en en el siglo XIII. Es la presentación del personaje de Paul Bettany, y es una muestra de lo que podÃa haber sido, y no ha sido. Porque a partir de esos primeros cinco minutos, en los que se muestra en exceso el flashback del adulterio, el guión empieza ya a perderse por oscuros vericuetos.
Llega el accidental encuentro con la banda de cómicos liderada por un Willem Dafoe que no consigue despuntar en ningún momento del film; y con él llega la necesidad de crearle el interés al espectador, y como no se pueden cargar las tintas con la persecución a Paul Bettany (que tanto parece asustarle y que en ningún momento de la pelÃcula se manifiesta), pues se pone el acento en conversaciones del tipo: "veo en tus ojos que mientes"; "sé que escondes un secreto"; y entretenimientos similares que discurren a la par de las normales (y poco atrayentes) situaciones de "no te conocemos, y no nos caes del todo bien".
Y esto dura los primeros 25 minutos, dejando al espectador un poco frÃo, y esperando que comience el dichoso misterio de marras, que tampoco es que dé para mucho. Principalmente porque a esta pelÃcula le faltan personajes, a la vez que le sobran. Son demasiados los cómicos; demasiados si se tiene en cuenta que muchos están de comparsa durante toda la pelÃcula. Y digo que le faltan personajes, porque una trama de misterio necesita de una cierta riqueza de personajes, y en esta pelÃcula nos enconramos con una acusada, que para más inri, es sordomuda, un benedictino con aspecto de malo, un pueblo que se comporta como una turba, y el personaje de Vincent Cassell, que parece que pasaba por allÃ. Intentan marear la perdiz con el concurso del magistrado del rey, figura que no queda nada definida (¿qué relaciones tiene con el Señor De Guise?, ¿hasta dónde llegan sus facultades?), y una supuesta trama de Estado, que en ningún momento goza de solidez.
Esto en cuanto a lo que la trama se refiere. Mas con los personajes sucede algo más sangrante. La ¿evolución? del personaje de Paul Bettany. Su comportamiento y sus acciones no me parece que estén suficientemente motivadas. Comienza huyendo, como si le carcomiese el pecado por lo que ha hecho, débil, y de repente, se toma unas cervezas, y se vuelve fuerte, sagaz, bueno, y valiente incluso para acusar al Señor de sodomÃa. Me parece que actúa de una manera muy poco acorde con el siglo XIII. Su relación con Dafoe y la hermana de éste (Gina McKee) no se termina de comprender. Tanto la escena en la que Dafoe se enfada con Bettany, tras la visita a la cárcel, como el amago de beso ente Bettany y McKee, son escenas que chirrÃan.
La pelÃcula está basada en una novela de Barry Unsworth, titulada en inglés "Morality play". Y no sé qué me da que en la novela el tema de la moralidad estará mucho más trabajado, más que incluso la trama de misterio, que me parece que es el punto de partida para hacer una reflexión sobre la moralidad, el pecado, y la redención con unos personajes marcados por ellos (cómicos, el sacerdote y ese oscuro Señor De Guise obsesionado con el poder y su antropormofización). Y, como sucede en estos casos, esta esencia se recoge en la pelÃcula en contadas escenas, concretamente dos: cuando Dafoe les da la idea de cambiar la obra, y la escena dentro de la Iglesia en el último suspiro de la pelÃcula. Escenas que resultan deslabazadas, flojas y sin empaque.
Es una lástima, porque creo que habÃa mimbres suficientes en el planteamiento como para haber realizado una obra muy superior al presente resultado. Es una lástima que Paul McGuigan haya preferido perderse en suntuosos planos de grúa y en una planificación, iluminación y edición pretendidamente independiente.
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