Una pelÃcula basada en hechos reales sobre un asesino en serie. Escuchar esa frase es como oÃr las uñas de un gato sobre un cristal, vamos, que da dentera. No apetece nada y serÃa relegada rápidamente a la lista de pelÃculas a esquivar. Sin embargo, tengo una esperanza ciega. La culpa la tiene su director, David Fincher.
Fincher ya estropeó mi sentido precrÃtico con La habitación del pánico que tenÃa un argumento horrible y apetecÃa más bien poco, sin embargo salà encantado de la sala. Por supuesto, el lector ya sabrá que el director, además de ser el responsable de estas, lo es de pelÃculas tan claves como Seven o El club de la lucha. Su peor pelÃcula es entretenida y la mejor es una obra maestra. Ahora confÃo en algo más que en entretenerme.
Ha pasado por Cannes y ha gustado moderadamente, que no es poco. Cuenta con un reparto de lo más elegante. El emergente Jake Gyllenhaal que se ha lucido con sus dos anteriores interpretaciones, en Brokeback Mountain y en Jarhead, será el protagonista. Le acompañan actores de la calidad de Mark Ruffalo, que se mueve cómodo en el cine independiente (Mi vida sin mÃ, OlvÃdate de mÃ) y flirtea con el cine más tristemente comercial como Ojalá fuera cierto, aunque también funciona en productos interantes como Collateral. Además, el siempre eficiente Robert Downey Jr. a quien acabamos de ver estupendo en Retrato de una obsesión, y el secundatio de lujo Brian Cox que participa en pelÃculas tan diferentes como Match Point o Troya.
ConfÃo en ese reparto, en un apartado técnico impecable, confÃo en un guión serio aunque no sea original y por supuesto confÃo especialmente en su director, David Fincher. Esperemos que no defraude.