De un tiempo a esta parte se viene venerando las leyendas épicas orientales otorgándoles una calidad que realmente no tienen. Viene ocurriendo desde esa maravilla, más lÃrica que épica, llamada Tigre y Dragón. Aquella fue una obra maestra y decididamente resultaba una delicia. Después se han puesto de moda peliculillas que aguantaban el tipo entreteniendo, como Hero, o petardillos como La casa de las dagas voladoras.
El festival de San Sebastián no ha tenido reparos en ir captando todas estas pelÃculas, las tres comentadas han pasado por aquà de un modo u otro. Sin duda, la poesÃa de Ang Lee justificó que se abriera la puerta al género. Y es toda una ganga, de esta manera la organización puede incluir reclamos de acción y aventura en su menú sin que chirrié tanto como para tener que relegarlas a los pases del Velódromo. Un éxito.
Pues yo, ya estoy cansado. Una cosa es que alguna de estas pelÃculas tenga su valor, y otra es que nos hagan tragar un género entero, que va generando pelÃculas como fotocopias.
En la sección oficial, nada menos, tenemos esta pelÃcula surcoreana que nos cuenta una historia de intrigas palaciegas a modo casi de leyenda. Lo peor de todo es que no creo ni que llegue a ser lo que quiere ser, pues me temo que será demasiado precaria y que, una vez más, el catálogo del festival nos quiera dar gato por liebre con su imagen de muestra.
Se trata de la primera pelÃcula de su director, Kim Mee-jeung, que hasta ahora sólo habÃa trabajado como ayudante de dirección en similares proyectos. Me temo que Corea del Sur se saca de la manga este proyecto barato y quiere venderlo en el extranjero como quien cuela un souvenir hortera de la región.
Sólo se salvará si, además de usar los efectos digitales ya al alcance de cualquiera, muestra un gusto por el detalle y ciertas dotes artÃsticas. Yo de momento no me la creo.