AsÃ, resulta que ha estado fatal llevar soldados americanos a la guerra de Irak porque tienen que cometer atrocidades como atropellar niños (mira que era fácil esquivarlo), lo cuál les hace volverse locos hasta el punto de convertirse en sicópatas capaces de relatar sin inmutarse cómo matan a sus compañeros...
La pelÃcula huye inteligentemente de todo posicionamiento polÃtico. No sabemos, ni nos importa, si la guerra estaba justificada o no, o si era por el petróleo o por la democracia. Lo importante es el drama humano. Además, busca darle al espectador americano donde más le duele: no se centra en el dolor de los iraquÃes invadidos, sino en cómo afecta la guerra a sus propios soldados. ¡Todo eso está muy bien!