Ciertamente no tenÃa intención de escribir mi postcrÃtica de Zodiac, principalmente porque, como salta a la vista, he tardado mucho en verla. Pero leyendo las crÃticas de mis compañeros constato que la mayorÃa hablan de fracaso de Fincher, fracaso asumido por la propia naturaleza del proyecto, dice alguno, fracaso a secas, dice otro... Yo no comparto esta opinión en absoluto.
Además, tengo que decirlo, Gyllenhaal está a años luz de sus compañeros de reparto. Es soso (es lastimoso verle exponer sus pesquisas a Mark Ruffalo cuando hemos visto la energÃa y pasión de este en otros momentos de la pelÃcula), falto de carisma... es -creo que es el adjetivo más adecuado- un actor discreto. No es un desastre, claro, pero tampoco es un prodigio. Y pasar del perfectÃsimo mosaico que Fincher dibuja durante dos tercios de la pelÃcula a ese tramo final cargado completamente sobre las espaldas de Gyllenhaal resulta un error. La pelÃcula afloja, se diluye, aunque todavÃa se guarde alguna que otra gran escena en la manga, como la visita al proyeccionista.
Aún asÃ, todo lo anterior demuestra que Fincher bien pudo haber rentabilizado su arriesgadÃsima apuesta con una pelÃcula redonda, maravillosa. El tercer asesinato, con simples imágenes de taxis por la ciudad, mientras escuhamos un programa radiofónico sobre el propio asesino, como preámbulo (sin aviso aparente) del crimen en el propio taxi, imprevisto y violento, es un sumario perfecto y brillante del talento especial de la pelÃcula.
Como cierre, y a pesar de que todavÃa cantan un poquito al ojo, me apetece destacar el gusto con que Fincher ha decidido retocar los escenario urbanos digitales, matando los colores de la noche en la ciudad para acentuar el subrayado del amarillo del taxi, y detalles similares. Asà da gusto que la informática se abra paso en el 7º arte.