Esencialmente el cine americano, aunque ocasionalmente también otras nacionalidades, lleva décadas avasallándonos con fotocopias, cada vez más desgastadas, de subgéneros de terror. Originales, sus secuelas, sus remakes, sus homenajes, sus copias, sus malas copias, luego llegan las parodias y parece que eso ya deberÃa ser el final, pero no, primero optan por continuar riéndose de sà mismas y definitivamente vuelven a querer hacer pasar por serio lo que ya no hay quien se lo coma.
Vamos, que plantar a un matrimonio en un entorno peligroso y esperar que aguantemos hora y media a base de rayos, truenos, apariciones repentinas, todo tipo de objetos cortantes y contundentes y la música bien alta es un atrevimiento especial.
Y de estos atrevimientos sabe mucho su director, Jaime Blanks, australiano que ha rodado en EEUU sus dos anteriores pelÃculas con tanto éxito de taquilla como fracaso de crÃtica. La primera, Leyenda urbana, que al menos mantenÃa un punto de originalidad e interés por su planteamiento, pero vamos, que es lo que es. La segunda es más grave, Un San ValentÃn de muerte, lo que faltaba, si al menos lo adelantaran 12 dÃas y fuera El dÃa de la marmota de muerte, serÃa algo.
Total, que vuelve a su paÃs para rodar este terror rural con protagonistas urbanos, que para eso me vuelvo a ver Bosque de Sombras y la disfruto mucho más, porque se sale de la norma. Esta pelÃcula no tiene nada que ofrecernos, y a uno sólo le cabe esperar a descubrir si será mala pero soportable, o mala e inaguantable.
Me enfrentaré a esta pelÃcula en la semana de terror de San Sebastián. ConfÃo en no aburrirme mucho más de la cuenta.