Vamos a ver. Este tÃo, hay que decirlo ya, es un jeta. ¿Por qué? Muy sencillo; me explico:
Rodó ese trozo de celuloide merdento bautizado como Independence Day a ritmo de himno yankee, y entre efecto y efecto, ovni y ovni, y discursito y discursito, metió unos cuantos planos de la muchedumbre, acojonada, huyendo desorganizada y en tromba por las calles de muchas y muchas y emblemáticas ciudades.
Luego llegó Godzilla. Y entre planitos del muñequito japonés este, coló unos cuantos planos de Independece Day; sÃ, esos de la peña huyendo acojonada. Nadie se dio cuenta, claro, pero os aseguro que eran los de la otra peli, asà de bonus. ¡Qué jeta!
Pero ahà no acaba la cosa. Poco después, una conocida marca de relojes quiso hacer un anuncio en el que uno de sus relojes, reconvertido a monstruo de tamaño gigantesco, avanzaba por la ciudad. Conocedores de los trucos de sinvergüenza de Emmerich, le llamaron, riiingggg!, ¿sÃ?, ¿eres Roland Emmerich?, sÃ, soy yo, ah, genial, porque necesitamos los planitos esos que rodastes hace no sé cuantos años... podrÃamos llegar a algún acuerdo económico... Y fue asà como Roland, a parte de sacar beneficio de sus viejos planos para otras pelÃculas, consiguió comenzar a hacer negocio con ellas.
Ahora llega El dÃa de Mañana. Y claro, pudiendo ahorrarse parte del dinero del rodaje (actores; peticiones oficiales para grabar en exteriores; metros de pelÃcula; tiempo...), ¿para qué molestarse? Ahora, entre plano y plano, entre hielo y hielo, entre ola y ola (o lo que sea, porque sinceramente no tengo ni puta idea de cuál es el fenómeno atmosférico y catastrófico que se carga al mundo esta vez), nos ha vuelto a colar sus queridos planitos de la peña histérica y corredora.
Hasta los cojones de él. Vamos, que a mi no me engaña. Jugando con una frase de mi compañero Hypnos: No me veréis en los cines.
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