Un funeral de muerte pertenece a la escuela de cine de enredo más clásica. Unos pocos ingredientes con mucho sabor: las drogas, el muerto, las tiranteces familiares, un enano gay y un gruñón en silla de ruedas. Con eso el guiso está listo. Es como la receta de la abuela, no tiene nada de sofisticada, no sorprende, lo tenemos más que sabido, pero oye, cuando te sirven el plato no puedes evitar rebañar hasta la última gota. Que demonios, para un humor facilón un sÃmil facilón ¿no?
Los intérpretes, en general, nos ofrecen una muestra de moderado histrionismo que funciona dentro de este regreso al humor más esencial. No se puede decir que ninguno de ellos realice una interpretación realmente buena, quizá Matthew Macfadyen, el protagonista sea el más salvable. Lo que sà se puede decir es que sirven de maravilla para la pelÃcula tal y como está concebida.
PodrÃa objetar que en un tiempo en el que podemos disfrutar del humor sofisticado de Wes Anderson, o en la televisión podemos enloquecer con el surrealismo de Muchachada Nui, es inaceptable volver a un concepto tan básico y manido como este. SÃ, pero también podrÃa darle la vuelta y admirar el mérito que tiene esta pelÃcula para conseguir que la sala entera se rÃa a carcajadas partiendo de unos métodos tan anticuados. Y es que, hoy por hoy, vemos pelÃculas del tipo Mierda Movie, perpetrada por numerosos guionistas que lo único que consiguen arrancarnos es una hora y media de nuestro tiempo. AquÃ, una sóla persona, Dean Craig, sabe escribir un texto que no pretende otra cosa que hacernos pasar un buen rato, y consigue momentos delirantes como el enano saliendo del ataud.
Si aceptamos las reglas del juego podemos pasar un buen rato. Una comedia sin ninguna otra intención que provocar la carcajada, y resulta que parece que lo consigue mayoritariamente. ¿Qué más se puede pedir? Quizá chirrÃa algún momento de amor fraternal y reflexión alejada del egoÃsmo. Afortunadamente en muy pequeñas dosis.