Puedo soportar a una niña de frases desconfiguradas y fuera de lugar tratando de reaccionar sobre su situación a un público deseoso de un guÃa en la historia, puedo con un vecino fugaz que nos hace dudar, y puedo hasta con la necesaria aportación de una psicóloga psiquiatra que pulula para encontrarla al final, pero ese viejo truco ya reinventado del malo en sà mismo termima por cansar, mucho.
Es firme, con estilo propio y algo de enganche pero se queda en lo justo.