Ahà están momentos maravillosos como ese extraño y enigmático plano con Jamie Foxx desenfocado y una cámara que prefiere fijarse en esa autopista que se pierde en la noche, precediendo al temprano suicidio del confidente Alonzo. Detalles de una infinita clase estilÃstica que son los que, desde hace tiempo, me convirtieron en un seguidor incondicional de Michael Mann.
En cuanto a la relación entre serie y pelÃcula, pues... es relativa. Los personajes están ahÃ. Son menos icono y más personajes. Aman. Insultan. Y hasta se manchan. Pero tanto ellos como la pelÃcula mantienen ese rollo cool, molón, con tÃas buenas, discotecas, palmeras y playas desde el primer minuto de pelÃcula. Claro que hay menos color, pero es que esto es Miami siglo XXI, no Miami años 80. Es una traslación lógica. No me importa. El espÃritu sigue ahÃ.
La pelÃcula pierde un poquito de fuelle al final, cuando pretende dar solución a las relaciones que ha ido tejiendo entre sus personajes protagonistas. Pero no llega a ser un desfallecimiento preocupante. El resultado final, cool. Como tal, no apto para todos los gustos.