Un comienzo con mucha fuerza da unas odiosas esperanzas para una pelÃcula que pronto se hundirá en el lodo. Empezando de los planos más cerrados vamos descubriendo poco a poco a más gente, la pelÃcula se va abriendo con soltura, el golpe en la puerta nos lleva a la luz del dÃa, a la realidad de fuera, y pronto llega la acción y vemos como el personaje de Robert Carlyle tiene que poner su vida por encima de la compasión, una decisión tan racional como rastrera que nos promete un gran personaje, un superviviente, un antihéroe. La música de la anterior pelÃcula cobra emoción, desesperanza. Una trepidante carrera remata la introducción. ¿Y después?
Después todo se va al traste. Si la cosa hubiera seguido por ese camino hubiéramos visto otra vez 28 dÃas después, y claro, eso no vale, asà que Fresnadillo decide añadir toda una serie de elementos que no hacen más que diluir todo el suspense. El ejército, la inmunidad al virus, el trauma, la repoblación… Hasta tal punto que los propios infectados, el quid de la cuestión, pasan a un segundo plano muchas veces eclipsados por la eficacia de los militares.
A la pelÃcula le cuesta toda una eternidad volver a coger el ritmo de la introducción y entre tanto tenemos que ver una serie de escenas sin interés y con poca pericia que aburren porque ya sabemos en qué van a desembocar. 28 dÃas después estaba situado 28 dÃas después precisamente por algo, y es que esa primera fase del virus no tiene ningún interés, es completamente mecánico.
El momento de abandono que comentaba al principio pierde toda su elegante indiferencia al darle importancia una y otra vez con flashbacks, convirtiéndolo en un motor emocional defectuoso. ValÃa como golpe de efecto, como rudeza, darle mayor importancia sólo lo estropea. Carlyle pasa de posible antihéroe a villano de feria desperdiciando todo interés para ese personaje. Absurdamente va tomando el rol de asesino psicópata con una fijación expresa. Altamente ridÃculo.
Y asà vamos viendo una serie de desatinos de una credibilidad nula, y un buen número de sutilezas a martillazos y casualidades inaceptables para la reutilización de personajes y avance de la trama. Vale, es una pelÃcula de género, uno no espera un guión impecable, pero sà un cierto trabajo serio que pueda propiciar un suspense en condiciones. Este guión sólo lo salva John Carpenter.Â
Los personajes van entrando y saliendo, se van desperdiciando y a uno le obligan a seguir a un grupo que muy bien podrÃa ser otro. No me importa nada.
El final, anunciado porque la pelÃcula iba tan a la deriva que no podÃa terminar de otra manera, resulta torpe y atropellado. Una absurda salida de la isla incontrolada y un plano de cuatro rabiosos corriendo con la torre eiffel al fondo. Lamentable.
Un fracaso que aburre, cansa y no proporciona ninguna tensión. Sólo espero que no haya tercera parte. Esta secuela hace revalorarse aun más a la primera parte. Se pierde la sinceridad, la seriedad, el suspense, la crudeza, la condensación y la sensación ignorar lo que ocurre fuera. Para mÃ, de momento sólo hay una pelÃcula, la de Danny Boyle.