Por fin he visto esa pelÃcula que, hasta ahora, hacÃa quedar a mi compañero Hypnos como el crÃtico clasicón y oxidado que no habÃa sido capaz de disfrutar de la nueva maravilla de Darren Aronofsky y esto y lo otro. Pues no. Que quede bien claro que, al menos, seremos dos.
Para empezar, porque la nueva maravilla de Aronofsky será muchas cosas, pero no una maravilla. Es poco más que una larga paja de dos horas que parte de una interesante premisa argumental, para luego perderse y elaborar el discurso más estúpido que jamás podrÃa haber imaginado en el creador de una pelÃcula como Pi.
Asà que, aquà y ahora, en pleno siglo XXI, el tema está en comprender que la muerte es lo que es y que es una puertecita mágica que tal y que cual, que el truco es creer en ella como un comienzo, que el truco es ser feliz al morir, que el truco es morir al ser feliz, que el truco es abrir los ojos y decir: ¡ala, una lucecita blanca! No, señor Aronofsky, la esperanza está en esos hombres de Ciencia que sufrirán vidas complejas, tortuosas y -seguro- amargadas, que dedicarán todo su esfuerzo y dolor a dar pasos importantes que nos servirán al resto (egoÃstas, nosotros) para vivir mejor y seguramente más.