Me dispongo a adivinar -precriticar- lo que será este Séptimo DÃa de Saura, justo después de leer lo que sobre ella ha dicho mi compañero Hypnos.
Al revés que a él, Loriga no me infunda especial confianza. Desde luego no me transmite tampoco ninguna confianza el actual cine español, donde las pelÃculas recomendables son oasis en un desierto de fango. Y tampoco veo deamasiadas aproximaciones acertadas en el cine actual sobre el tema de los orÃgenes, las causas, las razones de la violencia humana. Sólo recuerdo que Perros de Paja, Taxi Driver y otras tÃtulos similares se filmaron años ha.
Si hacemos un esfuerzo por recordar, descubrimos que algunos maestros que ya pintaron con sangre de muertos sus retratos del alma humana, aún siguen en activo. Sin ir más lejos, me remito a uno de mis predilectos, Martin Scorsese. Su cine sigue siendo vibrante, incisivo, certero y, sobre todo, exhuberante de talento. Pero, de un tiempo a esta parte, parece haberse centrado en otros aspectos del interior del hombre, y no en el nacer irracional de su violencia. Scorsese, sin perder un apice de su calidad, su talento, su genio, busca ahora con sus Gangs of New York o sus enfermeros de Al LÃmite las razones, las causas y, sobre todo, los efectos, las consecuencias. Al menos, de un tiempo a esta parte. (Esperaremos próximos proyectos.)
Pero hete aquÃ, tranquilamente sentados en la butaca, viendo pasar por la pantalla imágenes mil veces vistas, cuando llega una reflexión sobre la sinrazón de la violencia. Y llega de la mano de Saura.
Saura ha firmado varios de los tÃtulos más notables de la filmografÃa española. SÃ, es cieto, como dice Hypnos, en los últimos tiempos ha estrenado bodrios impresentables como 'Taxi'. Y, al revés de lo que mi colega opina, no creo que Buñuel y la álucinógena mesa del rey Sopor fuera un derroche de fantasÃa, o de fuerza, o de talento, o de lo que él quiera. Pero este Séptimo DÃa nos va a llevar de su mano, a un terreno que él conoce muy bien: Una explosión de ira, de odio, de violencia, de muerte, de irracionalidad, en la España profunda.
Y él conoce muy bien este terreno porque él realizó aquella pelÃcula memorable, 'La caza'. Aquella pelÃcula sobre la misma violencia, sobre la misma irracionalidad. Aquella pelÃcula de la España profunda. Aquella pelÃcula que él bautizó 'La caza del conejo' y que la censura , en un acto de estulticia, obligó a recortar hata el conocido 'La caza'. Seguro que Saura esperaba que censuraran otros aspectos de la cinta.
Ahora no hay censura de por medio, asà que Saura nos va a llegar en toda su rabia, toda su fuerza. Y, esperemos, en toda su sabidurÃa.