Alguna que otra vez he enunciado una teorÃa particular que tengo: la de la tercera pelÃcula. El momento en el que un director novel que está demostrando cosas debe confirmarse. Y, obviando el mediometraje "My best friend's birthday", al bueno de Quentin le llegó la hora con "Jackie Brown". Y como tantas veces suecede con la tercera pelÃcula, fracasó en su intento de confirmar aquello que apuntaba. Y, mucho me temo, que esto que acabo de ver no es más que la confirmación de dicho fracaso; la sabia pataleta del que no pudo dar la talla, y digo sabia porque ha sabido vender su producto, esto no es cine, esto es una gran campaña publicitaria, el acuerdo entre quienes le daban el dinero sabiendo que iban a recuperarlo con creces y la persona que dice "ya que no os gusta esto que os he dado, os váis a enterar ahora". SÃn lÃmites.
No estoy de acuerdo con lo que apuntaba mi compañero "Rómulo y Remo"; yo creo que contar sà que cuenta algo: una venganza (que no es poco); lo que pasa es que el guión es tan malo, que mezcla conceptos, y arranca la pelÃcula con un rótulo con un proverbio de lo más occidental para luego darnos tralla con la venganza al estilo oriental en la voz de un impagable Sonny Chiba; y no estoy de acuerdo con que sea entretenida, porque yo me he aburrido soberanamente; de igual manera que me aburrà viendo las coreografÃas tan poco logradas de "Los ángeles de Charlie" saltos ingrávidos incluidos.
No estoy de acuerdo con lo que el crÃtico convencional Ricardo Aldarondo escribÃa en el DV: Tarantino se ha convertido en un disc-jockey. No, porque un simple disc-jockey no hace los movimientos de cámara con los que Tarantino nos deleita en la "casa azul", ni nos mete dentro de una pistola para acompañar una la bala, ni utiliza los conceptos visuales como se hace aquÃ.