Me gusta la tremenda contundencia con que se narra la pasión más grande jamás contada, y esperaba sin lugar a dudas esta fuerza y fiereza en ocasiones desmedida si concretábamos la pelÃcula a esos pasajes de la Santa Biblia. Mel Gibson, no santo de mi devoción, ha mostrado lo que todos deseábamos ver eliminando esas tediosas y lentas maneras de mostrar un sentimiento de personaje que creo asà se entiende mejor.