A modo de «obiter dicta», permÃtaseme traer a colación un par de conceptos que se hayan plenamente delimitados en el cine estadounidense, con muy buen ojo, a mi entender. Éstos son las pelÃculas de cine y los telefilms. En EEUU se considera que hay una gran cantidad de materiales que a la gente les gusta, pero que no tienen entidad o cabida en la concepción que del CINE se hace en EEUU: diversión ( y no pensemos sólo en palomitas, acción y tiros ), vamos, que la gente en EEUU no paga una costosa entrada para ver la vida de tu vecino en pantalla gigante. Para eso tienen los telefilms.
Y todas estas lÃneas porque me duele ver cómo uno de nuestros pocos Michelangelos se ha metido en una jaula de oro, para dilapidar su talento en uno de esos docudramas de bombo y platillo, de palmas y loas, de sentimiento y emoción a flor de piel, y de gente que al sufrir dice coño y no caracoles.
Lo siento, Alejandro, pero me temo que esta vez no me vas a maravillar y conquistar como las anteriores.