"Una guerra siempre es una guerra". Estas palabras salen de la boca de Swofford en una de sus lúcidas reflexiones en off.
He aquà el punto de partida de construcción de una inteligentÃsima pelÃcula, que, tal y como comenta Sherlock, con el que suscribo su post casi al completo, Mendes consigue convertir en virtud su principal defecto: la propia no Guerra del Golfo.
He ahà el magnÃfico telón que nos propone Mendes.
Y nos enseña cómo fue igualmente dura la espera, el stress, el calor, el pensar que la Guerra iba a ser cuestión de una semana, la soledad, los desengaños amorosos, tanto es asà la situación que sólo quieren hacer una cosa: aquello por lo que están allÃ.
Y esto Mendes nos lo narra con gran virtuosismo y agilidad. De forma muy lúcida decide escapar cuanto antes de la instrucción en suelo yankie, que es lo que menos me gusta de la pelÃcula con diferencia, con excesivas referencias a pelÃculas que ya hemos visto mil veces, bien y mal hechas.
Y es en el desierto donde puede jugar sus bazas, entre las que se encuentra su enorme capacidad visual. Es increÃble ver cómo es capaz de sacarle todo el jugo al desierto, en la fotografÃa, en el saturado de los colores, y, yendo más allá, en el juego entre ceniza y blanca arena, el silencio del desierto, o los pozos de petróleo ardiendo. La belleza de estas imágenes sólo es comparable a las mÃticas de "Apocalypse Now". Un maestro.
Con todo, una gran pelÃcula que demuestra que Sam Mendes es uno de los grandes actualmente, y siempre fiel, a su lirismo (magnÃfico el sueño en el que Swofford vomita arena tras ver a su novia en el espejo) y a su barroco sentido visual. Un espectáculo.
Como ya lo comenta Sherlock, aquà simplemente, lo confirmo: