Una pelÃcula sin demasiados agujeros, exceptuando los de bala, bien llevados para no sembrar la duda sobre una historia inverosÃmil que con respeto sobre todo a las reacciones de los personajes, cosa muy importante para no caer en lo soez de una interpretación forzada, se mantiene firme, y en lugar de evaporarse en un mar de acción y desborde cuando la cosa se aclara, se mantiene hasta cierto punto serena para dejar reposar el mensaje de sus sentimientos sobre todos nosotros.
Ese rostro final de Mortensen, buscando piedad sin más opción que amar, tiene la elegancia de un final sin palabras que duele tanto a los personajes como al público, que no es un final feliz, sino trágico y modesto pero tremendamente intenso. El continuará de esa familia ha de ser tan arrogante y duro como la escena de sexo en la escalera que da muestras de la rabia contenido que sentimos todos, siempre dirÃa yo, ante lo que somos y en realidad nunca mostramos ser.