De una manera u otra, desde el realismo
social o el terror fantástico, con diferentes estéticas, el cine
mexicano actual no para de denunciar la situación de violencia y
corrupción que está viviendo su país. La policía podrida, los
narcos campando a sus anchas y sobre todo, la muerte y la violencia.
Un nivel de violencia explícita, que alcanza en muchas ocasiones el
gore, pero que no es más que un reflejo de las barbaridades de la
calle, con unas bandas que acostumbran a hacer ostentación de
violencia extrema para atemorizar a la población.
Heli es un buen ejemplo de ello.
Es una historia de amor, drogas, familia, dolor. Con el amplio margen
que da la realidad mexicana para contar una historia de violencia
desde el enfoque realista. Escenas tan desagradables que parecen
salidas de una película de género, de un sadismo ficticio, pero
que enfrentadas al día a día de los periódicos de este país, no
están de ningún modo fuera de lugar. Y más aún, se desarrollan ya
dentro de cierta normalidad. Esto está transmitido de un modo
brillante y sobrecogedor con la escena de los chavales y el
videojuego. Una forma inteligente y muy eficaz de hacer un retrato de
la insensibilización hacia lo salvaje. Personas demasiado
acostumbradas al horror.
Amat Escalante, su director, fue
premiado en el pasado festival de Cannes. La verdad es que nos regala
una dirección con mucha clase y muy efectiva. Consigue mostrarnos
una realidad nauseabunda y ser explícito sin perder la elegancia.
Una película incómoda de ver, pero que al mismo tiempo atrapa.