REC tiene ritmo. No para en ningún momento. Desde que la pelÃcula arranca con la periodista haciendo sus primeras tomas engancha y no te suelta hasta que acaba su metraje. El manejo del ritmo es sencillo: de menos a más y sin parar hasta el final. De esa manera no chirrÃa ver cómo la historia va de mal en peor hasta que todos acaban muertos. Se ha visto mil veces. Pero en REC nadie para a explicarte cosas innecesarias. Quizá esto sea verdad hasta el final, donde quizá resulta excesiva la explicación religiosa del virus. Hubiera bastado con que la cámara pasara por delante de las mesas de laboratorio. Sobra completamente la bitácora grabada en cinta.
Pero lo más reseñable de REC no es su ritmo, ni su concepción a la vez barata y eficaz, ni su impecable dirección, ni las excelentes interpretaciones jugándosela el todo por el todo: lo más reseñable de REC es que es terror que acojona. Y eso sà que es nuevo.