
No conozco todavÃa al director de
¡OlvÃdate de mi! (madre mÃa, vaya tÃtulo le pusieron en España; es de juzgado de guardia). No conozco ninguno de sus trabajos. Quizás sea el momento de ir abriéndome a él, igual que él, intuyo, abre sus pelÃculas a la más absoluta de las locuras.
Pero espero que sea una locura controlada. De un tiempo a esta parte me estoy volviendo pelÃn alérgico a las marcianadas, es decir, a las rarezas que únicamente disfrutan rizando el rizo, sin ton ni son, sin más objeto que demostrar al mundo su originalidad y su especialidad. A lo mejor el problema es mÃo, no lo niego. Porque bien que disfrutaba yo, hace unos años, con demencias tales como
Cabeza borradora.
En fin, que
Michel Gondry tiene su caché, a pesar de ser un tÃo joven, uno de esos nuevos talentos, la nueva generación del cine, la parrilla de salida en la que se colocan los que aspiran a ser los maestros del futuro. Asà que ya va siendo hora de descubrirle, en lo que a mi respecta.
La ocasión pinta bien. Como protagonista ha elegido a un actor que me gusta, y mucho:
Gael GarcÃa Bernal, perfectÃsimo Ché jovenzuelo en la intensa
Diarios de motocicleta. Y le acompañana gente curiosa, gente extraña como
Charlotte Gainsbourg (
Jane Eyre;
21 gramos) o
Miou-Miou (toda una clásica del cine galo:
Germinal;
Milou en mayo).
No niego que me asuste que un tipo con quien muchos actores querrÃan trabajar (no hay más que repasar el espectacular reparto de
¡OlvÃdate de mi!) haya tenido que volver a Francia para rodar esta pelÃcula, con muchÃsimos actores franceses y, sobre todo, con gran parte de financiación francesa. ¿Qué pasa? ¿Que esta vez se le ha ido tanto la perola que en USA no se fiaban de él? Mal asunto serÃa...
En cualquier caso, podrÃa ser mi primera vez con Gondry, y no quiero ir de morros. Quiero ponerle buena cara. Luego, ya veremos.
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