Si esta pelÃcula me hubiera resultado mediocre comentarÃa seguramente que la historia detrás de la leyenda carece de fuerza y resulta de lo más sosa. Que la pelÃcula ni se molesta en darle mayor importancia a la mesa redonda (que apenas aparece). Y ahà se quedarÃa la cosa.
Si además de eso fuera mala, hablarÃa de sus batallas rodadas de forma tosca, sin fuerza, sin emoción, sin claridad y, dicho sea de paso, sin extras suficientes. HablarÃa también de lo inadecuado de la elección de Owen como rey Arturo, un tipo que ni siente ni padece, simplemente está. Un Arturo descafeinado. HablarÃa también de lo pobre de la banda sonora, y no por fallo del compositor, sino por la necedad absoluta del director al decidir donde y como va distribuida la banda sonora (recuerdo con cansancio la escena del obispo indicando los detalles de la misión a Arturo con una música de fondo que simplemente estropeaba el silencio).
Todo eso dirÃa y puede que más. Pero definitivamente me quedarÃa corto, porque la pelÃcula no es ni mala ni mediocre, es sonrojante. Es sonrojante porque provoca risa en la mayorÃa de su metraje (a veces parece escrita por los Monty Pyton). La escena del hielo, los monjes de vuelta a su emparedamiento, la flecha al traidor en el árbol... pero sobre todo, los personajes. Lancelot con pinta de chicano (sólo le falta un cadillac rosa y pasearse por Miami), y como no se puede meter el tema de la traición a Arturo con Ginebra el avispado guionista decide plagar la pelÃcula de comentarios sobre su paternidad sobre hijos de otros (terrible!). MerlÃn con pinta de fumeta surfer anciano que está sonado y sucio, su participación va de lo anecdótico a lo absurdo. Y Ginebra... que aporta el inevitable “las chicas son guerreras†que tanto le gusta últimamente a tÃo Dollar. Y no comento más peronajes no porque sean menos sonrojantes si no por no hacer perder demasiado el tiempo al lector. El director, por decirlo de manera eufemÃstica diré que es un patán. No ha sido capaz de acertar con el plano en toda la pelÃcula. La fotografÃa simplemente brilla por su ausencia y el clima, que tanto bien hace a este tipo de pelÃculas, es algo que no está ni cuidado ni descuidado, simplemente no está. Los dircursitos sobre la libertad y demás, desmesuradamente abundantes, resultan primero patéticos y después aburridos (ya desde el principio con el padre de Lancelot gritando “¡honor!†como un energúmeno. Hermandad insospechada y emoción de mercadillo.
Y por último, lo mÃnimo que se puede esperar de una producción de estas es que al menos haya dinero invertido, porque esta pelÃcula huele a bajo presupuesto por todas partes. Un poco de decencia, si jugamos al cine comercial metamos dinero por lo menos.
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