Crítica de la película El último Elvis por Iñaki Ortiz

Loser con clase


4/5
31/07/2013

Crítica de El último Elvis
por Iñaki Ortiz



Carátula de la película Hasta para ser loser se puede tener clase. Este es el punto diferenciador del pobre diablo de esta historia con todos los personajes de vidas grises que hemos visto en cientos de dramas. Su trabajo es rutinario, es un padre pésimo, un marido aún peor y no parece que tenga ninguna capacidad ni intención de cambiar esa realidad. En su lugar se inventa un mundo fantástico, un sueño, una mentira. Si cabe, esto hace más patética su existencia, pero la clave que le aporta dignidad es que lleva esta mentira hasta las últimas consecuencias. Su coherencia dentro del personaje es brutal y en lugar de dejar que la realidad vaya erosionando esta fantasía, consigue vivir sus vicisitudes dentro de su filosofía utópica. Por eso este looser es admirable, porque consigue tornar la mentira en ilusión, la rutina en victoria y porque convierte un final indudablemente trágico en un broche de oro, en el último gran éxito de su vida. Esta ambigüedad consigue que la película deje un indeleble poso agridulce.

Para conseguir esta dualidad de héroe/antihéroe hace falta un actor que dé la talla y el novato John Mclnerny lo borda. Sus miradas cargadas de seguridad, sus sentencias roqueras inapelables, su aspecto de perdedor perdido. Si a esto unimos sus buenas dotes musicales, lo tenemos todo. Es la piedra angular de la película y funciona de maravilla. Divertido, enternecedor y emocionante, consigue que podamos empatizar con un desastre absoluto que está bastante colgado.

Y siguiendo con novatos, tenemos a Armando Bo, el director, que hace un trabajo excelente. La introducción con el plano secuencia hasta la primera actuación es virtuosa sin resultar artificial. Muy al contrario, nos sumerge en una interpretación con tintes épicos dentro de un contexto que para nada lo es. En general, todas las actuaciones musicales están rodadas con mucha fuerza y muchas ganas. Tampoco desmerece en su manera de rodar la rutina. Mezcla con elegancia la chatarra con el glamour, afianzando la ambigüedad. Habrá que seguir con interés a este director.



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