Mis peores sospechas se han hecho realidad. Para empezar, esa fotografÃa. Tiene su aquel la idea de imagen de luz tiritando, para representar una época según la imagen del cine de entonces. Le queda bien la idea a Coppola en “Dráculaâ€, pero le queda bien porque la emplea durante dos minutos, no toda la pelÃcula. Desde luego no es lo peor. Ni que todos vayan peinaditos y vestiditos recién salidos de la página de un guión. Eso no es lo peor.
Firmes candidatos a ser “lo peor†podrÃan ser los trucos de magia. No se puede ser más chapucero. Si se quiere jugar a un mago con poderes mágicos de verdad, perfecto. Pero si se juega a la realidad, a que todo es un truco, lo que no se puede hacer es ofrecer espectáculos imposibles como el del naranjo. La dificultad ahà era conseguir un truco de magia que resultase creÃble a la vez que vistoso. DeberÃan haber contratado a Daniel Chesterfield para que los asesorase. Que fácil y decepcionante es en una pelÃcula hacer que un mago haga lo que quiera y luego decir que era un truco. Para empeorarlo muestran esos planos tontos del funcionamiento del naranjo. De los espÃritus no se dice nada, claro, justo dan a entender que es algo relacionado con un proyector... en fin, dejando a un lado lo absurdo de ese punto, por lo menos deja en el espectador un mensaje interesante: el cine es una herramienta para decir la verdad mediante la ilusión y el engaño.
Aunque lo peor muy bien podrÃa ser otro punto: el bobo engaño. En cuanto vemos, o mejor dicho, no vemos, la supuesta muerte de la chica, podemos generar en nuestra mente la estructura básica de lo que queda de pelÃcula, que aun es mucho, y hacia donde va. Porque no puede estar más claro lo que sucede, y porque las pistas pasan de ser las habituales pistas en las que uno cae en el ya clásico resumen final, a ser retumbantes trompetas que anuncian lo que hay. Muy mal. Una hora de aburrimiento esperando a que se descubra lo que ya está descubierto hace a la pelÃcula exasperante.
Un tono general bastante infantil y estereotipado rematan la faena. El mago, la duquesa, el policÃa y el malvado y astuto hijo del emperador. Paul Giamatti hace lo que puede para levantar la pelÃcula, con esas risas finales que intentan apagar los gritos interiores de queja del espectador. Edward Norton, notablemente por debajo de su nivel, se limita a poner caras de trance y de calmada astucia.
Un cuento ingenuo, facilón, y desviado.