Han acertado al cambiar el carácter de Alfie para acercarlo a nuestro tiempo, convertirlo en una hijo de las modas, un galán sin engalanar, un hedonista no perverso como su original, sino completamente infantil que no quiere plantearse consecuencias posibles en sus acciones. Huelga decir, que aunque muchas mentes prejuiciosas querrán ver únicamente en la peli un producto para lucimiento de Law, y que otras lo odiarán por encarnar sin ningún tipo de pudor a un guaperas que se sabe irresistible, efectivamente Law está perfecto en su papel, perfecto con todas las letras y todos los matices.
Y un dato (que es otro acierto). La pelÃcula no cae en el final sencillón, estúpido y facilÃsimo de acabar ligando el destino de Alfie con el personaje de Marisa Tomei (como más de una comedia romántica hubiera hecho), sino que convierte la pelÃcula en un producto estructurado de manera similar a La Naranja Mecánica: Alfie es ese 'drugo' sin moral que 'viola' y 'golpea' los corazones de sus conquistas en la primera parte. A media pelÃcula episodios fuertes provocan un giro buscado. En el tramo final, todo lo que Alfie dio, sin conciencia,, lo recibe ahora, doblemente doloroso. La misma estructura que el film de Kubrick (ey, listos, que os veo venir: no hago comparaciones).
En defenitiva, en unas manos más hábiles, con este material en bruto, con los aciertos que la pelÃcula ya atesora y con el actor idóneo ya encontrado... podrÃa haberse hecho una radiografÃa PERFECTA del cockney del XXI.
P.D.: Lo dicho. A más de uno le parecerá un producto al servicio de Law. Más de uno odiará a Law. Más de uno aborrecerá esta pelÃcula.