No puedo ocultar que el sentimiento que me invadÃa al empezar la pelÃcula era el de relajar mi vista y ver una de esas pelÃculas que de tan clásicas entran solas, sin mayores o menores sobresaltos y terminan posándose en en mi baúl del tres.
Pero he de reconocer que esta pelÃcula ha superados mis expectativas.
La primera media hora de pelÃcula me encandila. Me parece un acierto tras otro de dirección. Una manera de captar la esencia de un texto para trasladarlo al lenguaje cinematográfico y vencer en el campo de batalla más difÃcil: la elipsis.
La manera en que se conocen Kitty y Walter, la manera en que le pide matrimonio, la manera en que con un solo plano ella decide casarse con él, no por amor, sino por necesidad, la de huir de su familia. Con esa luz cálida que entra por la puerta de salida a la casa.
Asà va in crescendo, gustándose, por ejemplo, en la llegada a China, en la manera en que Townsend -el amante- capta la atención de Kitty, con esa sesión de teatro, con esa historia que él se inventa para desarmarla...el adulterio...y esa escena magnÃfica, casi de terror, esos dos amantes juntos en la cama, y esa manecilla que amenaza con abrirse.
La pelÃcula cierra con brillantez esa primera parte para empezar un segundo round quizá menos solemne y preciosista, pero más interesante: los personajes.
Conocemos a Walter, un personaje al que no esperábamos de esa manera, tan frÃo, tan calculador, capaz de ser tan cruel. Fascinante. El personaje de Townsend nos lo conocemos de memoria y por eso nos lo ventilan rápido. Y el de Kitty está magnÃficamente sustentado por una Naomi Watts que da otro master class interpretativo.
Lástima que el texto sea el que es y esté escrito cuando esté escrito y que los últimos 40 minutos discurren por una senda demasiado conocida como para soportar la lÃnea de satisfacción de la pelÃcula.
Un final que es el que debÃa ser y la sensación y el regusto de una pelÃcula más que bien hecha.
Mi aplauso se merece por sorprenderme en un terreno que creÃa conocido de tan grata manera.