Pero todo esto sólo me hacÃa restar una estrella y dejarlas en tres. Porque yo habÃa ido a ver una pelÃcula entretenida, con emociones, con momentos comerciales de esos que todos podemos entender. Nada más, no esperaba más, recordemos que me habÃa encomendado a Mel, tampoco podÃa esperar más. Incluso no me importaba que los romanos tuvieran un latÃn con marcadÃsimo acento italiano (de hecho parecen italianos), y simplemente me chirriaba un poco que los cambios que se habÃan hecho del texto sagrado habÃan sido a peor, cosa que no entiendo.
En resumen, la manera de Mel de explicarnos lo bueno que fue Jesús y la importancia que tiene es convencernos de que le dieron una paliza como a ningún otro en el mundo. Desde el principio que le dan a gusto, el de Nazaret recibe todo tipo de golpes, latigazos, desgarros, clavadas, etc. Que dejan de causar impresión cuando ya te ha saturado. Y la crucifixión te parece un programa de BricomanÃa. Y cada vez que se cae dices ¡otra vez no! Ya lo he visto varias veces.
¿Y a la iglesia le gusta esto? A mi no me ha llegado que Jesucristo fuera un salvador o siquiera un gran hombre. Eso sÃ, como aguantaba el tÃo. Que machote. Ah, y no olvidemos que resucita, un final digno de Swarzenegger porque asà lo ve Mel, en su infinita sensibilidad. Luego comprendà porque a la iglesia le gusta la pelÃcula, cuando una chica me entregaba un folleto religioso de contenidos aptos sólo para noches de borrachera. A la iglesia le gusta porque llega a las mentes más fáciles. Viva la martirización.