Me niego a soltarle una estrella de entrada a cualquier pelÃcula, por muy mal que huela, aunque apeste, si dentro de ella está Nicole Kidman. Y no por mero capricho, sino porque la Kidman, quieras que no, ha venido demostrando de un tiempo a esta parte un notable interés por participar en proyectos diferentes, proyectos arriesgados, proyectos cargados de nombres y garantÃas. SerÃa injusto decir que 'Eyes wide shut' fue el primer paso de este camino, y olvidar asà trabajos anteriores (algunos sobresalientes), pero desde luego sà fue un punto de inflexión. Desde entonces los puntos de interés se han ido multiplicando.
Por otra parte, la Kidman es una debilidad personal. Debilidad propia, la mÃa, que ella se ha ganado a pulso, claro, ni puesto hasta el culo sentirÃa debilidad por Sandra Bullock, vamos a dejar las cosas claras. Pero con todos sus méritos interpretativos, mi defensa de la pelirroja que casi siempre aparece como rubia va más allá, al terreno de la querencia personal, formando parte de un santasactorum particular en el que figuran nombres que muchos de mis compañeros precrÃticos ya conocen, al menos unos cuantos.
Por eso, aunque esta peliculilla de tres al cuarto (que versiona lo inversionable -una serie televisiva, una 'sit com' que no tenÃa otra razón de ser que esa- y que acaba por convertirse en una garantÃa del fracraso y en un triste recordatorio de la falta de talento e imaginación que asola Hollywood de un tiempo a esta parte) incluya a Nicole Kidman al frente del paquete, dudo que me convenzan para ir al cine.
Aún asÃ, sé que antes o después acabaré viéndola, porque verla a ella meneando esa deliciosa naricita tiene que ser, a la fuerza, un pasatiempo agradabilÃsimo. Exclusivamente eso. El resto, no.
Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus.
comments powered by
No hay postcrítica.