Rodar al mercader como si se tratara de cine moderno creo que es la última osadÃa, de igual manera que plagar la pantalla de señores de taquilla, porque se pierde el rumbo, se pierde Venecia entre tanto artista cansado de recrearse en las mismas interpretaciones teatrales pero adpatadas.
Sacar a la luz un film con este estudioso gran poema, por su crudeza y vital devenir de humanos codiciosos de poder y tristeza, no es tarea para llenar salas, serÃa difÃcil dar un carácter eterno a una obra que ya lo tiene en sus telones subidos mil y una veces.