Lo cierto es que uno se soprende, y mucho, cuando ve la pelÃcula. Tantos reconocimientos que despistan a uno cuando se monta en el coche con Miles y su amigo.
Muy mal, me repito, debe estar la Industria para que una pelÃucla que se propone contar las vivencias un tant personales de dos personajes anónimos e ignotos, despierte tanto aplauso.
La pelÃcula dura dos horas que no se hacen largas, pero en las que uno no ve ningún despegue. La historia avanza, se va desperezando, uno se va emborrachando con tanta conversación sobre el vino, pero no siente que la pelÃcula se caliente. La tildan de comedia, pero los momentos cómicos están contados y no contiene ninguna fuerza.