Pepe el andaluz es un trabajo
sencillo, casi un trabajo para consumo de la propia familia. Podría
encajar perfectamente en esta nueva ola de documentales de autor
españoles. El componente personal de Mapa, la investigación
de Una historia para los Modlins o el interés contextual de Emak
Bakia. Y digo "podría" porque aunque la fecha de
finalización sea similar, Alejandro Alvarado y Concha
Barquero llevan muchos años rodando esta película, y por tanto,
es una idea muy anterior. Quizá por eso, por la paciencia y la calma
que hay detrás de este proyecto, ofrezca un resultado mucho más
honesto que algunas de las anteriores. Deja una verdadera sensación
de que el protagonista del documental, así como el resto de los
personajes, van descubriendo el misterio según avanza lentamente su
investigación. No cae en ninguna de las dos malas costumbres
habituales en este tipo de documentales: aquella en la que el
director conoce desde el principio lo que busca y simplemente nos
marea con unos rodeos fingidos; y aquella en la que el director
pretendía encontrar por el camino un tema interesante y simplemente
no lo había -y se lo inventa.
El tema principal, sin ser asombroso
como en Searching for Sugar Man o El Impostor;
es interesante, y mucho menos artificioso, más natural. Además,
cuenta con pequeñas subtramas bien engarzadas -eso que chirriaba
tanto en Emak Bakia-
que sirven para ofrecer un contexto histórico muy completo (la
guerra, la cárcel, la emigración, el amor, los hijos) bien
representado por una familia que tiene casos para todos los gustos. Y
todo esto con una mirada honesta, al menos en apariencia, que en
lugar de recurrir a las medias verdades, basa su interés en creer en
su contenido y en un buen uso de la narración y del formato.
Estéticamente,
lleva a su favor sus propias limitaciones. Toma todo tipo de material
de baja resolución y, comprendiendo ese lenguaje, atrapa su belleza.
Pero sobre todo, es capaz de transformar la esencia de su material a
través del montaje. Un ejemplo claro de esto lo tenemos en el vídeo
del baile de la abuela que vemos al principio: toma un material
doméstico de carácter festivo y a través del montaje y el sonido
le da la vuelta, en un tono oscuro, convirtiéndolo en una reflexión
acerca del duro pasado de la anciana. Para colmo, después veremos
que el vídeo que parece ser un simple material doméstico es parte
de las primeras grabaciones del propio documental. Una misma realidad
a través de distintos cristales va narrando la historia con un
significado muy diferente.
El
documental encuentra porque sabe buscar. No solo encuentra el
paradero del personaje -casi un mcguffin- encuentra
confesiones emotivas, sentimientos escondidos, debates abiertos. La
manipulación, en el mejor sentido de la palabra, está aquí en los
lugares correctos, aquellos que te ayudan a mostrar una realidad. Con
tanto documental tramposillo, es un alivio encontrar uno que, aún
con una actitud posmoderna, no ha olvidado el núcleo de este
formato: la verdad.