Con un comienzo lioso y demasiado de ir y venir para presentar los matices necesarios de los personajes y la historia, difÃcil de plasmar en pantalla desde luego, la pelÃcula parece avanzar a pequeños golpes que sin decepcionar sà requieren de mayor ritmo para el espectador.
Aunque enseguida crece en progresión, con más concreción y un mayor dinamismo, lenta porque son muchas las conversaciones necesarias, y comienza a aparecer grande como es, con un enorme esfuerzo y trabajo para llevar esta historia extensa al cine.
La familia como punto de unión, la trama del poder, y la irreverencia hacia lo que hoy conocemos como santa sede, hacen de la pelÃcula un conglomerado de disputas y de ansiedades que fortalecen al personaje más enérgico de todos para hacerlo el principal con justicia.
Disfrutando de él, de lo bárbaro de su personalidad, me he relajado de tanto trueque de intenciones, y he podido dejarle involucrar por el sino que se nos enseña de manera más que digna.
PelÃcula con mucho peligro en su guión, lúcida a la hora de encuadrar aunque con banda sonora en ocasiones aplastante por lo incesante, se gana un puesto por lo grande que es, por la valentÃa de tanto personaje y por la inestimable actuación de Sergio Peris-Mencheta, que se hace un lugar en nuestras retinas secundado por un Papa que no tiene que envidiar demasiado. Por no mucho, pero supera la media.