En mi precrÃtica ya habÃa mencionado que existe un documental sobre el 11-S que es estremecedor, a la par que impactante e intenso. Y en cierta manera estos mismos adjetivos me esperaba de la visión de Oliver Stone sobre los atentados del World Trade Center.
En cambio, lo que me he encontrado ha sido, quizá, una mala elección de la historia y del enfoque de la tragedia. La historia de los dos policÃas no es nada caracterÃstico del 11-S.
Un buen documentalista como él tenÃa que haber catado la esencia, que creo no se refleja en la tesis final del film en su epÃlogo. ¿Aquello con lo que debemos quedarnos del 11-S es con la bondad mostrada por la gente y su solidaridad? ¿Esto es algo propio de ese nefasto dÃa? Yo creo que no.
Esa solidaridad la vemos en cualquier terremoto, en cualquier tsunami, en definitiva, en cualquier tragedia. Y ese es el gran problema de la pelÃcula, que lleva un esquema y narrativa de pelÃcula de catástrofes. Algo para lo que no se necesita de un director como Oliver Stone, que creo estáya en franca decadencia y declive.
El desarrollo es rápido, las torres caen en media hora,y se nos congela el escenario y la acción, a partir de ahà ya no habrá ninguna novedad. Todas las cartas están boca arriba. La pelÃcula se convierte en plana.
El personaje del marine es ciertamente ridÃculo, al menos su tratamiento, la manera en que los valores más conservadores se dan cita en él. La escena en la que está en la iglesia es pésima. Y, a partir de ahÃ, cada aparición suya es otro mazazo a la pelÃcula, de iguales dimensiones que las apariciones de Cristo.
En fin, una pelÃcula construida con los rudimentos más básicos de lo lacrimógeno, convencional, y de la que sólo se salva el hecho de que no es aburrida y el plano de la sombra cruzando la pantalla, y la sombra del avión acercándose.
Mal.