Qué difícil es valorar El juego de
Ender.
Empecemos por el principio. La novela homónima de Orson Scott Card es un excelente clásico de ciencia ficción (se llevó en su año los dos principales premios literarios del género, el Locus y el Nebula; premios que volvió a llevarse al año siguiente, por cierto, con la secuela). Era una novela más bien corta y la trama argumental era bastante sencilla. Sin embargo, era una obra muy difícil de adaptar, básicamente por dos razones. La primera es que los protagonistas eran niños superdotados de 6 años, que fuera de nuestra imaginación, enfrentados a la crudeza de la imagen real podían resultar más bien ridículos haciendo según qué cosas. Esto se ha solucionado de forma sencilla: ya no tienen 6 años. Creo que no se llega a decir la edad, pero el protagonista, Asa Butterbield tenía sus 15 añitos ya durante el rodaje. Obviamente no impacta lo mismo que un adolescente de quince años le reviente la cabeza a otro que si lo hace un indefenso niño de seis, pero digamos que este es un problema menor.
La segunda dificultad es que el mayor
valor de la novela no está tanto en los sucesos en sí, sino en los
razonamientos de Ender, sus conflictos interiores, y por otro lado,
en la descripción detallada de las estrategias, tanto en la escuela
de batalla como en el simulador. Casi todos los sucesos importantes
de la novela, al menos los más importantes, están en la película,
una adaptación muy fiel. Pero todo ese valor que comentaba, ¿está?
Sí y no. En ocasiones está de forma explícita. En otro muchos
casos, de forma indirecta, aunque es poco probable que el espectador
que no ha leído el libro lo capte en toda su riqueza. Y en algunas
ocasiones directamente es claro que se habla de cosas para las que no hay una información previa en la película. La
formación de un lider, su psicología, su capacidad de manipulación
y la ética que hay detrás de ella. Las estrategias, el pensamiento
lateral que te permite escapar de las normas establecidas por otros.
La distancia del horror en las guerras modernas. La violencia como
recurso. Todo eso está en El juego de Ender, pero no sabría decir
cuánto de ello se encuentra en la versión cinematográfica.
Es, por lo tanto, una adaptación muy
deficiente, en la línea de Watchmen, que pretende ser muy
fiel y contentar al lector pero que no sabe buscar su propio lenguaje
cinematográfico, de forma libre, para respetar de verdad la esencia
del original y ser capaz de transmitirla al espectador no iniciado.
Todo sucede de forma atropellada y sin que nada pueda dejar su poso,
a fin de que no quede nada fuera de la película. Gavin Hood no sabe mantener el pulso ni en su faceta de guionista ni como
director. Tampoco ofrece un valor visual añadido (imaginad lo que
podría haber hecho Cuarón con las secuencias de gravedad cero).
El juego de Ender, por tanto, no
es una buena película, pero que sí puede dejar satisfecho -al menos
en parte- al fan de la novela, que puede reconocer los mejores
valores de la obra, aun dudando de si realmente están ahí, entre
los fotogramas. Personalmente, la he disfrutado.