Parece ser que la historia de violencia que Cronenberg nos trae nace de lo que ahora se ha dado en llamar novela gráfica. No tiene que extrañarnos que un producto como este haya sido parida desde las entrañas del mundo comic. Sin ir más lejos, la última pelÃcula (hasta la fecha) de Sam Mendes, 'Camino a Perdición' (modifico ligeramente el tÃtulo, como véis, porque me niego a compartir la castrada y oficial traducción que conoció en el mercado español), tuvo un origen idéntico. Y es que el comic abarca cada dÃa más amplios géneros de narración; seguramente nuestro compañero Beiger podrÃa explicárnoslo mucho mejor.
El caso es que, de todos modos, David Cronenberg es David Cronenberg. Claro. David es David, no va a ser Alberto. Pero captáis la idea: Cronenberg es un autor muy personal y aunque en este caso hasta parece salirse un poquito de su camino habitual, no creo que el desvÃo vaya a ser tan notable. Incluso habrá que ve si ese desvÃo existe, realmente. A lo que iba: Que Cronenberg ha usado el origen gráfico como inspiración y ha trabajado, desde ahÃ, libremente. Muy libremente.
Esta historia de violencia es un drama de violencia, un análisis de violencia, un retrato de violencia y un retrato de una franja de paÃs, la América sureña, que dibuja sus personajes en esos lÃmites ficticios pero de nombre diáfano: Americana. Es la violencia, parecen querer decirnos, un virus innato, un mal que nace con cada habitante de esta América maldita, y Cronenberg quiere acercarse a ella como sólo lo ha hecho, hasta ahora, Sam Peckinpah. Al menos, el Peckinpah de según qué tÃtulos, el Peckinpah más sucio a la par que fresco, el más genuino, hasta me aterverÃa a decir que el más gratuito. El Peckinpah de 'Perros de paja'. Sólo siendo tan gratuito como en ese festival final (me refiero aún a 'Perros de paja') podÃa cobrar la obra todo su sentido y, paradójicamente, perder esa gratuidad.
Y aunque sé que esto también es paradójico, espero ver a un Cronenberg maduro, profundo, pero muy Cronenberg -aunque la pelÃcula parezca que nos lleva muy lejos de sus obsesiones y estilo-, y a la vez espero vislumbrar la huella de los grandes retratistas de ese mal de la América más profunda (y de tantas Américas profundas que no están sólo en aquel continente, precisamente), desde William Faulkner hasta Sam Peckinpah.
Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus.
comments powered by
No hay postcrítica.