Me asusta
Oliver Stone con esta pelÃcula. Él, que tanto se ha empeñado en meter el dedo en la yaga, en ahondar con saña y sin anestesia en la historia de su paÃs (recordemos pelÃculas como
Nixon ,
JFK , su trilogÃa sobre la guerra del Vietnam o incluso su ambiguo dÃptico sobre la figura de Fidel Castro), resulta que ahora, cuando decide afrontar lo sucedido en aquel catastrófico 11 de septiembre, lo hace desde una óptica unidireccional, conmemorativa casi y, sobre todo, de pura alabanza a la figura de las fuerzas del orden, los héroes anónimos de aquella tragedia.
PolicÃas y bomberos que se desvivieron por ayudar, intentar evitar que el daño fuera mayor y que, no lo dudemos, dignificaron la naturaleza humana. Muchos de ellos se dejaron la vida en el empeño. Pero me preocupa que Stone se limite a mostrarnos su mérito, su heroicidad. Ya lo conocemos y no lo dudamos. Lo aplaudimos. Pero en una pelÃcula de Stone sobre el 11-S quiero algo más. Quiero el Oliver Stone de siempre, aún a riesgo de que naufrague en su pretenciosidad y grandilocuencia habituales.
A veces le sucede, tanto quiere y tanto busca que, al final, se ahoga. Pero no me importa. Quiero ese Oliver Stone, porque cuando acierta firma tÃtulos importantes. Y cuando falla nos deja, aún, reflexiones interesantes.
Ese es el Oliver Stone que yo querrÃa para
World Trade Center , pero intuyo que no lo tendremos, esta vez. Una lástima.
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