A mi lado, un pobre crÃo después de más de hora y media de diálogos que no terminaba de comprender imploraba a su madre “me quiero ir†y la madre le instaba a esperar, no sé yo si por no salir en mitad de la pelÃcula o porque verdaderamente estaba interesada.
Es un error enfocar esta pelÃcula hacia el público infantil, un engaño de la publicidad (con trailers que contienen escenas que no aparecen en la pelÃcula) y un descuido de los padres. Esto también afecta a la pelÃcula, claro, que no termina de decantarse.
Existe una notable diferencia entre las pelÃculas de Pixar con y sin Brad Bird. No es lo mismo Monstruos S.A. que Los IncreÃbles y no es lo mismo Cars que Ratatouille. Porque las otras son para crÃos, disfrutables por los mayores, eso sÃ, pero para crÃos. Estas son para mayores y, a veces, algo más disfrutables por los más pequeños como en el caso de Los increÃbles, o menos como en esta ocasión. Da la sensación de que Bird se ve obligado a tomar un argumento con ratas porque, al fin y al cabo hay que vender entre el público infantil y hay que hacer muñequitos, y se defiende como puede para sacar adelante la pelÃcula que realmente quiere hacer, sobre otro proyecto que ya existÃa.
Estamos viendo una pelÃcula madura, con diálogos interesantes, pero a cada rato nos topamos con tonterÃas más propias de los pequeñajos. Uno se pregunta, ¿cómo conseguirá Linguini cocinar con la rata? Y la respuesta la da un chapucero petacho como es el de la marioneta. Y sonrÃes, medio perdonando porque dices, es una pelÃcula para crÃos sobre una rata que cocina. Como este ejemplo muchos otros. Pero ¿es o no es una pelÃcula para niños? Esta indefinición es dañina tanto para pequeños como para mayores y creo que es el verdadero problema de la pelÃcula que no le permite ser excelente. Si somos un poco exigentes como la rata protagonista veremos que la receta no es lo refinada que deberÃa ser. Mucha solución fácil amparada por el manto de su temática infantil.
Además supone un retroceso a las comedias clásicas, tanto de Disney como, si vamos más lejos, de las grandes comedias clásicas de imagen real. Y esto para muchos crÃticos parece ser un gran virtud y hasta la esencia de un guión perfecto. A mà me parece lo dicho, un retroceso, y un ejemplo de guión simple en el que podemos ver claramente su mecanismo que encaja correctamente. Sin duda esta opción tan formal, tan clásica, tan correcta hará las delicias de muchos crÃticos, no es mi caso. Son precisamente los pequeños despuntes de la acción, como el momento de los amantes y la pistola, los que me parecen más destacables. Lo inesperado.
Para colmo, dura dos horas, terrible para los niños y algo sobrante para los adultos, pues algunas escenas pecan de innecesarias o repetitivas. Ayuda, eso sÃ, el ritmo trepidante general.
¿Es que está tan mal? En absoluto, supera notablemente al resto de las producciones de Pixar, excepto a Los IncreÃbles. Pero se percibe tanto talento que es fácil sentirse defraudado porque la pelÃcula podrÃa ser mucho mejor. Hay montones de momentos divertidos, emocionantes, y momentos de brillantez como Ego probando su plato a lo magdalena de Proust. Encuadres maravillosos como el ratón perdido en las alcantarillas, en un picado con tuberÃas oblicuas. Planos como el de la primera rata a contraluz, la máquina de escribir de Ego y prácticamente todas sus intervenciones… y podrÃa hablar de muchos otros.
La fotografÃa, sÃ, digo bien, la fotografÃa, es absolutamente excepcional. Un ambiente romántico en un parÃs de colores exquisitos. Una cocina que muy bien podrÃa ser la de la deliciosa Martha, con esos tonos cobrizos. Sinceramente, creo que la luz y el color son más exquisitos que en la mayorÃa del cine “realâ€.
La cámara se maneja como quiere por donde quiere, con virtuosos y espectaculares movimientos por la cocina, dentro de persecuciones y peligros en constante cambio.
La banda sonora de Michael Giacchino no tiene la personalidad que consiguió con Los IncreÃbles pero sigue siendo fabulosa.
Técnicamente perfecta, uno ve como una crema caliente es derramada suavemente sobre un plato de aspecto sabroso y la ilusión resulta perfecta. Por supuesto, no se comete el error de intentar buscar rostros realistas sino caricaturescos y expresivos. Los movimientos de las ratas, las texturas de las comidas, las impresionantes escenas acuáticas, la luz… un sinfÃn de detalles donde no se huye de ningún reto y se busca el más difÃcil todavÃa.
Una de las cosas más interesantes es aquello de lo que habla. Y desde luego puede ser el arte, y si lo reducimos más, el cine, pero yo quiero ir más allá, creo que esta pelÃcula habla de Disney. Haciendo un paralelismo con Walt Disney y Gusteau y la decadencia de la empresa tras su muerte, no veo difÃcil imaginar la rata Remy como Pixar que del lugar más insospechado llega para salvar la empresa con su gusto meticuloso por el detalle y dejando a un lado la repetición de las viejas recetas (como las del compañero graciosete, etc.) para cautivar al público con nuevos platos.
Para terminar, a quien me diga que no se le puede pedir más a esta pelÃcula, le digo que sÃ, porque no es una pelÃcula para niños, entra en la liga de las grandes pelÃculas y no la encumbremos sólo porque escape notablemente del primer conjunto, juzguémosla con la exigencia que el propio film venera. Ojalá se le permita a Brad Bird realizar pelÃculas que estén dirigidas definitivamente y sin peros al público adulto. Pero lo veo muy difÃcil.