La pelÃcula ciertamente tira por otro lado. Lo que le interesa al autor es más el aspecto psicológico, tanto la cuestión de impacto social, que creo que está bien tratada, como hablar del complejo de culpa, ya no en supuestos futuristas sino aquel que todos podemos ver en la vida cotidiana. Robin Williams, a riesgo de encasillarse vuelve con un personaje atormentado, con tintes obsesivos, muy parecido al perturbado de la tienda de fotos, o al perverso de “Insomnioâ€, deberÃa preocuparse porque está consiguiendo dar cada dÃa más grima, que ya es decir. A este paso va a terminar de malo de torrente. En cualquier caso me gusta en estos papeles, y creo que en este caso ayuda mucho a esa atmósfera de culpa, de pecado, de pecador.
Otro tema interesante de la pelÃcula es la reflexión sobre el cine o más ampliamente sobre los medios audiovisuales. Los paralelismos con el montaje cinematográficos además de tener mucha fuerza en la historia le sirven al autor en su faceta de director para jugar, y me gusta como juega. Los momentos en los que aparece sobreimpresa la fecha me parecen muy inteligentes. La reflexión sobre el impacto audiovisual está servida.