La propia sinopsis de esta película afirma que trata de ser una especie de La pelota vasca: la piel contra la piedra, pero en versión catalana. Supuestamente, trata de acercar el punto de vista catalán a España y el punto de vista español a Cataluña. Cinematográficamente, dudo que la película-documental esté a la altura de la elegante realización de Julio Medem, aunque creo que lo importante en éste tipo de propuestas no es el continente (aunque siempre sea de agradecer el esfuerzo) sino el contenido. El contenido político.
Vaya por delante que no dudo de las buenas intenciones de quienese realizan éste tipo de documentales. Pero, por desgracia, si ya entonces el documental de Medem era enormemente ingénuo y tontorrón cuando se hizo, creo que hacerlo ahora lo hace todavía más insípido. En primer lugar porque creo que es muy ingénuo pensar que se puede hacer un documental que consiga descubrir España a un nacionalista catalán y viceversa. Y en segundo lugar, porque es caer en la trampa nacionalista de bipolarizar las relaciones entre unos y otros. La mayoria de jóvenes catalanes y/o españoles y/o vascos y/o sevillanos y/o ingleses y/o australianos tiene los mismos problemas: hipoteca, mileurismo, etc. Y unas preocupaciones comunes: la ecología, el feminismo, etc. Muchos además estudian y/o trabajan fuera de su ciudad. Existe una cultura común y universal que hace que dos personas de cualquier parte del mundo puedan ser fans de Perdidos y vestir de Loreak Mendian. La identidad y cultura nacional existe, pero la global se antepone a ella.
El caso es que si realmente quieres ayudar a difuminar la linea que (supuestamente) separa a (algunos) catalanes y españoles, probablemente lo mejor sea no establecer una relación vertical entre ellos. Muestra los problemas con la hipoteca de una pareja de Sevilla y de otra de Barcelona y verás como todos a lo largo y ancho de España y el mundo entero nos sentimos identificados...