El personaje de Michael Madsen, al contrario que a mi compañero Beiger, no me parece lamentable, ni con un insportable olor a podrido. Me ha gustado ese cowboy hundido en el lodo, un charco de barro del que solo puede asomar la cabeza para recordar, para sentir, asÃ, en agravio comparativo, su derrota, su hundimiento, su fracaso. Tarantino se molesta, además, en dignificar a este Budd convertido en despojo de sà mismo: Ahà está esa frase que dirige a Bill, "no esquivo mi culpa", o esa katana que por orgullo niega tener, "la vendà por 250 dólares en El Paso", pero que aún guarda en algún rincón de su caravana. Aunque no se hable ya con Bill. Porque ya no se habla con Bill.
Respecto al punto uno, aclarar que me refiero al personaje de Daryl Hannah, que a priori se supone que es uno de los tres grandes rivales de Uma en este vol. 2. Madsen y Carradine obtienen en metraje, en peso y en profundidad, la equivalencia a la importancia que se les supone en la trama. Hannah, no. Se nos queda en una arpÃa de piernas largas y un solo ojo, que llega, se tira todo el rato con el ceño fruncido, mata y muere. Esa pincelada más vaga que impresionista de Daryl y su historia particular con Pai Mei no es más que eso: una vagueza, un querer y no poder. O todo o nada, Quentin, pero no medias tintas.
Respecto al punto dos: La banda sonora del vol. 2 sigue incorporando cortes magnÃficos de Morricone y otros; pero hay otros cortes mucho peor elegidos. En el vol. 1, aparte de sus varias piezas de spaghetti western, Tarantino buscaba mediante su banda sonora, sobre todo, el contraste; pero mientras allà construyó una colección de una calidad excelente, aquà los altibajos se suceden, y sin grises: o muy negro o muy blanco.
Respecto al punto tres, coincidir con Beiger en que sÃ, el proxeneta sobra, igual que sobraba Buck, el que viene a follar, en el volumen 1. Y es que el personaje de Bill tiene tal fuerza que no necesita de ayudas para presentarse, para darse a entender al espectador. En cambio, un recurso similar, como es el del jefe de Madsen en el bar, me parece acertadÃsimo. Nos hace llegar a entender el grado de humillación al que ha llegado la vida de este, en otro tiempo, cruel y eficaz asesino.