Curiosamente, cuando Tarantino intenta escapar de su marcado estilo, parece ser que hay otros que no tienen el más mÃnimo escrúpulo en copiar, en intentar calcar, ese mismo estilo. Y sólo hay algo peor que copiar, y es copiar mal.
Nos encontramos con estúpidos diálogos sin fuerza que pretenden imitar descaradamente al amigo Quentin. Escenas forzadamente sangrientas y con intenciones de ser desagradables, y aun asà sosas. Gatillo fácil. Tipos duros. Además la pelÃcula es tan cutre que nadie se puede creer que estos tipos sean duros, o simplemente sean otra cosa que unos actores mediocres.
A Tarantino por un lado, y por el otro, Guy Ritchie, (Snatch, cerdos y diamantes) con su forma de rodar (o montar, según se mire) de mover el plano bruscamente acompañado de su ruidito de movimiento, sus rusos muy rusos, sus diamantes. Eso sÃ, sin el menor atisbo de talento más que para imitar a sus Ãdolos. Y sin personajes con chispa.