Que un director afirme, hablando de su cine, que no le importa demasiado hacer notar la diferencia entre realidad y sueño, es cuando menos para andarse con ojo. Suena sin duda a uno de esos cheques en blanco al guionista, que no al portador, para que haga un poco, como dirÃa yo, lo que le salga del miembro. Si ese director es además el guionista, apaga y vámonos.
En definitiva, es una buena ocasión para ver algo de cine oriental (el de verdad, sin dagas voladoras –“la casa de las dagas voladoras†serÃa al cine oriental lo que “el penalti más largo del mundo†al cine español), es concretamente una coproducción corea del sur - japón (ya he manifestado en este medio muchas veces mà intención de animar a la gente a ese cine en alza que proviene de corea del sur, con pelÃculas de presupuesto más que aceptable y buena factura), y es una oportunidad de ver otro tipo de historias, salir del mundo gris habitual en el cine (“life aquatic†aparte).
Recomendada. Pero que tampoco se animen los fans de “Un canguro muy duroâ€, se requiere una cierta predisposición al cine intelectualillo, ese de comentar ante desconocidos para quedar de enterao.